El camino comienza cuando los ojos miran en dirección de los que ya se han ido.
Lo que no veremos después será la luna
porque esa mendiga habrá quedado rendida
a orillas del tornado.
Nosotros vamos a bailar a bailar a bailar perdidos de locura pasajera.
En esta casa ponen un río en el vértice de una pequeña caja
y miran todos por las ventanas.
Afuera, vecinos atentos, señalan al cielo esperando lluvia.
La lluvia no ocurre.
Entonces armados de una sensibilidad mórbida
llaman con pequeñas voces a sus seres queridos.
Lo hacen a la caída del sol, cuando los queridos inician
sus vuelos experimentales.
Me como el fuego me como los cabellos me desespero de
pesada calma.
Yo quisiera que la poesía fuera sobrenatural,
solo hablo con tu pensamiento, viendo esas presencias
acechar a los vecinos.
Ni las puertas golpeando, ni las agujas de viento,
ni esa pequeña desesperación de las noches al alba.
Pero lo inexplicable sigue el rastro de la letra
acompañando el paso lento de una familia de pequeños animales.
En esos planetas, hemos depositado la furia de los antiguos idiomas.
Pero ya no podemos almorzar en la mesa de nuestros amigos
ni asomar las narices en las lavanderías en las que hablan los antiguos maestros
nuestras vidas acontecen definitivamente en la imposibilidad
de mentir
lo hemos intentado todo
pero mentir es una cuerda que no resiste nuestro peso
y yo se que vamos a bailar a bailar a bailar mecidos por el viento.
Yo no quisiera que las ceremonias sucedieran en tus cotos de caza
ni las apariciones
pero hasta donde puedo ver, el cielo está hecho pedazos
y nuestras pequeñas familias alimentan a escondidas
fantasmas de miedo y estupor.
Bendita sea la señora que nos hamaca en las noches noches
Bendito también el color que se nos parece.
gustavo sassi
